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Cartas del Presidente: Emilio Montaraz Castañon

La inestabilidad

¿Qué tal estás?... ¿Dispuesto a continuar avanzando?... Lo vamos a hacer, pero permíteme que comience hoy haciéndote una confesión sobre el método que sigo contigo. No soy fácil de entender, lo sé.

Muy posiblemente lograría hacerlo si ese fuera mi objetivo, pero no lo es. Pretendo que seas tú quien te esfuerces y te estires. Ese es mi propósito, pues entiendo que lo más práctico es lograr que tú aprendas, en lugar de que yo te enseñe.

                Es muy probable que muchas de las cosas que comparta contigo ya las sepas, por lo que espero las recibas como una confirmación de que no eres el único y de esta forma te sientas menos solo. Con mi humilde aportación no trato de enseñar nada, sino de afectar a la mayor cantidad de personas posible, como te dije en otra ocasión, para que juntos podamos construir un mundo mejor.

                No obstante ya ha pasado un tiempo desde mi reflexión compartida contigo sobre los paradigmas, por lo que estoy seguro que desde entonces descubriste su influencia, desde tu propia capacidad de análisis. Ahora sí es el momento de ilustrar esos conceptos por tu cuenta, por lo que te recomiendo veas a través de YouTube animaciones como “El experimento de los 5 monos”, si no lo has hecho ya. Es muy interesante.

                Hoy quisiera hablar de tu estabilidad, del aplomo con el que caminas y sobre lo que sientes bajo tus pies cuando te paras.

                Si estás sobre un firme estable, poco esfuerzo tienes que realizar para mantenerte en pie. Puedes andar, saltar y correr con la seguridad que te da el saber que el suelo permanece inalterable. Pero ¿qué ocurre cuando el suelo se mueve de forma permanente?... Algo cambia en ti si quieres mantener el equilibrio y no irte de bruces al suelo ¿verdad? Tu centro de gravedad se desplaza por una causa externa y te ves obligado a realizar movimientos que compensan el movimiento del suelo que pisas. Es el único modo posible si quieres mantenerte erguido. Si el miedo a caerte te paraliza es mi consejo que te tumbes sobre el suelo, esperando que todo termine. El problema es que si no acaba, ya nunca podrás andar, saltar ni correr y tu vida sería un tanto aburrida.

                Tenemos la capacidad de cambiar, pero lo tenemos que hacer de forma manual, con nuestro consciente, dado que el cerebro no tiene gravados esos movimientos compensatorios que garantizan nuestra estabilidad. Sería estupendo que pudiéramos reaccionar de forma automática a cualquier cambio, pero eso supone un esfuerzo que tiene que ver con los hábitos. ¿Te has fijado cómo realizan sus piruetas los gimnastas?, ¡qué maravilla! ¿Verdad? A base de trabajo continuado han llegado a automatizar movimientos y desarrollar los músculos que se requieren para tales cambios. Si lo has intentado con unos patines, un skate o una tabla de surf, sabes perfectamente de lo que hablo. Si progresaste ¿cómo lo conseguiste?...

Solo recuerda una cosa: la respuesta automática, inconsciente e instintiva es infinitamente más rápida, certera  y segura que la diseñada artesanalmente, por más que se haya elaborado concienzudamente. Como el camino es largo y espero que continúes a mi lado, será algo de lo que hablaremos otro día.

Quizás debiera utilizar términos más ortodoxos, como por ejemplo “flexibilidad”, pero he preferido hablar de “Inestabilidad” para responder de la forma más contundente que se me ocurre, a tanto sinsentido que hoy vivimos desde cualquier perspectiva que contemplemos nuestra sociedad. Empresas y empresarios, empleados y desempleados, política y políticos, instituciones, cultura, religión… y cualquier envoltura en la que el ser humano tenga presencia, necesitan ser contemplados por cada uno de nosotros desde ese nuevo y único paradigma si realmente deseamos progresar. Porque somos precisamente nosotros su contenido y el fin que justifica su existencia.

¡Qué locura! Mientras el mundo se agita con cambios constantes y cada vez más rápidos, seguimos pensando en recuperar una estabilidad que nunca volveremos a ver. Aquellos tiempos de mar tranquilo han sido sustituidos por aguas revueltas y muy peligrosas para quienes no se adaptan a la nueva situación, . Sin embargo hoy son aún más las empresas cuyo principal objetivo es el recuperar la estabilidad a base de tecnología y del fuerte y rígido material con el que han sido dotadas. Resistirán la fuerza de un tsunami que pase por encima de ellas, seguramente, pero a costa de aligerar su peso echando al mar a su parte más frágil y que constituye el factor humano.

Mientras unos desaparecen bajo las aguas, otros son rescatados por embarcaciones que temporalmente les dan abrigo y el resto consigue llegar a la orilla donde obtienen el cobijo del INEM por desempleo. ¡Qué triste panorama y qué vergüenza para el ser humano!

Amigo, existe solución, ¡claro que sí! Y de ella te hablaré el próximo día, pues hoy ya el tiempo se nos echó encima. El modelo Barymont ya es una realidad.

Mañana te invito a surfear. ¿Te atreves? Ahora a descansar ¡que viene fuerte!

 

Emilio Montaraz Castañon

Presidente de BARYMONT & ASOCIADOS, S.A.

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