El presupuesto permite a una empresa anticipar sus ingresos, gastos y necesidades financieras durante un periodo determinado. Sin embargo, lo previsto no siempre coincide con lo que finalmente ocurre.
La diferencia entre ambas cifras se conoce como desviación presupuestaria. Analizarla permite detectar cambios en los costes, ventas por debajo de lo esperado, errores de planificación y otros factores que pueden afectar a los resultados del negocio.
Una desviación presupuestaria es la diferencia entre una cantidad prevista en el presupuesto de una empresa y el resultado real obtenido durante un periodo determinado.
Puede producirse tanto en los ingresos como en los gastos.
Por ejemplo, una empresa puede haber presupuestado unos costes de personal de 100.000 € para un trimestre y terminar gastando 108.000 €. Existe, por tanto, una desviación de 8.000 € respecto a lo inicialmente previsto.
Pero una desviación no tiene por qué ser necesariamente negativa. Si una empresa esperaba gastar 50.000 € en una determinada partida y finalmente gasta 45.000 €, el resultado puede considerarse favorable.
Analizar estas diferencias permite comprobar hasta qué punto el presupuesto de la empresa se está cumpliendo y, sobre todo, entender por qué los resultados reales se alejan de las previsiones.
La forma más sencilla de calcularla es comparar el dato real con el presupuestado:
Desviación presupuestaria = resultado real − resultado presupuestado
También resulta útil expresarla en porcentaje:
Desviación porcentual = [(resultado real − presupuesto) / presupuesto] × 100
Imagina que una empresa había presupuestado 20.000 € en gastos de marketing para un trimestre, pero finalmente ha gastado 23.000 €.
La desviación sería:
23.000 € − 20.000 € = 3.000 €
En términos porcentuales:
(3.000 / 20.000) × 100 = 15 %
El gasto real ha sido, por tanto, un 15 % superior al previsto.
Sin embargo, detectar ese 15 % es solo el primer paso. Lo realmente importante es analizar su origen: puede deberse a una campaña adicional no presupuestada, a un aumento de precios de los proveedores o a una estimación inicial poco realista.
Las desviaciones pueden clasificarse de diferentes maneras dependiendo del resultado y de la causa que las haya provocado.
Distinguir el tipo de desviación ayuda a determinar qué ha sucedido y qué medidas pueden adoptarse.
Una desviación puede producirse por numerosos factores, tanto internos como externos a la empresa.
Entre los más habituales se encuentran:
Por eso, una desviación no debería analizarse únicamente por su importe. Hay que entender qué la ha provocado y qué impacto tiene sobre la rentabilidad y los objetivos de la empresa.
El análisis de desviaciones permite convertir una diferencia numérica en información útil para la gestión.
Un proceso sencillo puede seguir estos pasos:
Este análisis también puede ayudar a mantener un mayor control sobre la tesorería empresarial, especialmente cuando las desviaciones afectan a cobros, pagos o necesidades de liquidez.
El objetivo no debería ser conseguir que nunca exista una desviación, sino detectarla pronto y reaccionar antes de que afecte de forma significativa a los resultados.
Algunas medidas útiles son:
El análisis debe servir para mejorar la toma de decisiones, no únicamente para reducir gastos.
Uno de los errores más comunes es asumir que toda desviación desfavorable es necesariamente negativa.
Por ejemplo, una empresa puede gastar un 20 % más en marketing de lo presupuestado y, al mismo tiempo, aumentar sus ventas un 40 %. En ese contexto, limitarse a señalar el exceso de gasto ofrecería una visión incompleta.
También conviene evitar:
Un buen control presupuestario debe ayudar a entender qué está ocurriendo en la empresa y facilitar decisiones basadas en datos.
En resumen, la desviación presupuestaria es la diferencia entre una cifra prevista en el presupuesto de una empresa y el resultado que finalmente se obtiene. Puede afectar tanto a ingresos como a gastos y ser favorable o desfavorable.
Calcularla permite detectar dónde se están produciendo diferencias, pero su verdadero valor está en analizar sus causas. Una subida de costes, unas ventas inferiores a las previstas o una inversión adicional pueden generar desviaciones con implicaciones muy diferentes.
No existe un porcentaje válido para todas las empresas. El nivel aceptable depende del sector, del tamaño de la compañía, de la partida analizada y de la volatilidad del negocio. Algunas empresas establecen umbrales internos, por ejemplo del 5 % o del 10 %, a partir de los cuales una desviación debe revisarse con mayor detalle.
La desviación presupuestaria compara lo previsto con el resultado real en ingresos, gastos u otras partidas. La desviación de tesorería, en cambio, se centra específicamente en las diferencias entre las entradas y salidas de efectivo previstas y las que realmente se producen.
El control suele involucrar al área financiera o de control de gestión, pero también a los responsables de cada departamento. Marketing, ventas, recursos humanos, operaciones o compras gestionan partidas propias y pueden aportar información clave para explicar por qué se han producido determinadas desviaciones.