Tomarse un año sabático puede ser una oportunidad para desconectar de la rutina y replantearte tus objetivos. Pero también es una decisión que puede tener consecuencias importantes para tu economía.
Porque, aunque la idea de parar resulte atractiva, hay una pregunta que conviene hacerse antes de dar el paso: ¿cuánto dinero necesitas para vivir durante un año sin trabajar?
Un año sabático requiere algo más que ganas de desconectar. Necesitas calcular tus gastos, organizar tus ahorros y conocer qué ocurrirá con tu empleo, tus cotizaciones y tu futura jubilación.
Un año sabático es un periodo de tiempo durante el que una persona interrumpe temporalmente su actividad laboral o profesional para dedicarse a objetivos personales, como descansar, viajar, estudiar, cuidar de su familia o desarrollar un proyecto propio.
Lo que caracteriza a un año sabático no es tanto su duración como su propósito: hacer una pausa consciente en la actividad profesional.
Entre los motivos más habituales para tomarse un año sabático destacan:
Eso sí, tomarse un año sabático no significa necesariamente dejar el trabajo de forma definitiva. Dependiendo de tu situación laboral, puedes negociar una pausa con tu empresa y plantear tu reincorporación posteriormente.
En España, el año sabático no está regulado como un permiso laboral específico. Por eso, quienes desean dejar de trabajar temporalmente suelen recurrir a una excedencia voluntaria o a un permiso no retribuido acordado con la empresa.
La modalidad más adecuada dependerá de tu antigüedad, del convenio colectivo y de las condiciones que puedas negociar.
El dinero necesario para un año sabático depende de su duración, de tus gastos habituales y de las actividades que quieras realizar durante ese tiempo.
No existe una cantidad universal. Una persona que decide pasar varios meses en casa estudiando tendrá necesidades económicas diferentes a las de alguien que quiere viajar por distintos países.
Para calcular tu presupuesto, conviene tener en cuenta cinco puntos.
Por ejemplo:
Una vez calculado el presupuesto, el siguiente paso consiste en transformar esa cifra en un objetivo de ahorro alcanzable.
Para conseguirlo, necesitas tener en cuenta cuánto tiempo falta para comenzar y qué cantidad puedes destinar al ahorro cada mes.
Cuanto mayor sea el plazo disponible, menor será la cantidad mensual que tendrás que ahorrar.
Si Lucía necesita 24.750 euros y quiere iniciar su año sabático dentro de 30 meses, tendría que ahorrar:
24.750 € ÷ 30 meses = 825 € mensuales
Si considera que esa cantidad es demasiado elevada, puede retrasar la fecha, reducir la duración del año sabático o ajustar las actividades previstas.
Analiza tus ingresos y gastos para identificar cuánto puedes ahorrar sin comprometer tus necesidades esenciales.
Cancelar suscripciones que no utilizas, revisar contratos o reducir determinados gastos discrecionales puede ayudarte a liberar parte de tu presupuesto.
Una forma sencilla de mantener la constancia consiste en programar una transferencia automática a una cuenta separada cada vez que cobres.
Así, en lugar de ahorrar únicamente lo que sobra a final de mes, conviertes el ahorro en una prioridad.
El dinero que vas a necesitar para tu año sabático tiene un horizonte temporal definido.
Si planeas utilizarlo dentro de uno o dos años, es importante priorizar la disponibilidad y el control del riesgo.
No tendría sentido poner en peligro tu presupuesto mediante inversiones con elevada volatilidad si puedes necesitar el dinero a corto plazo.
Los ahorros destinados a disfrutar de un año sabático y los destinados a afrontar emergencias cumplen funciones diferentes.
Mientras que el presupuesto del año sabático se utiliza para financiar un objetivo previsto, el fondo de emergencia debe permitirte responder ante situaciones inesperadas.
La idea es disfrutar de la pausa sin consumir la red de seguridad que protege tu economía.
Un año sabático puede convertirse en una experiencia enriquecedora, pero una mala planificación financiera también puede generar dificultades.
Estos son algunos de los errores más habituales:
Evitar estos errores no requiere necesariamente disponer de grandes cantidades de dinero, sino planificar de forma realista y anticiparse a los gastos y riesgos.
Una de las consecuencias menos visibles de tomarse un año sabático es su posible impacto sobre las cotizaciones. Durante una excedencia voluntaria, con carácter general, la empresa no cotiza por el trabajador.
Solicitar una excedencia voluntaria no genera, por sí mismo, derecho a cobrar la prestación por desempleo. No obstante, existen circunstancias particulares en las que una persona en excedencia puede acceder a la prestación.
En una excedencia voluntaria ordinaria, el tiempo de excedencia no computa, con carácter general, como antigüedad. Sin embargo, determinados convenios colectivos o acuerdos pueden establecer condiciones más favorables.