Si estás empezando a interesarte por el ahorro o la inversión, es probable que hayas escuchado hablar de los instrumentos financieros. Acciones, bonos, fondos de inversión o derivados son algunos ejemplos, pero ¿qué tienen todos ellos en común?
Un instrumento financiero es un contrato que genera un activo financiero para una de las partes y una obligación financiera para la otra. Dicho de forma sencilla, es un mecanismo que permite canalizar dinero entre personas, empresas, entidades financieras o administraciones.
Los instrumentos financieros pueden utilizarse para ahorrar, invertir, financiarse o gestionar determinados riesgos. Por eso, entender cómo funcionan es fundamental antes de tomar decisiones con tu dinero.
Un instrumento financiero es un contrato mediante el cual se crean derechos y obligaciones económicas entre dos partes.
Por ejemplo, cuando compras un bono, estás prestando dinero a una entidad. Para ti existe un derecho a recibir determinados pagos y, para quien emite el bono, existe una obligación de devolver el dinero según las condiciones acordadas.
Los instrumentos financieros permiten principalmente:
Aunque están estrechamente relacionados, un instrumento financiero y un activo financiero no son exactamente lo mismo.
Por ejemplo, cuando una empresa emite un bono, ese bono es un instrumento financiero. Para el inversor que lo compra supone un activo financiero, ya que le otorga el derecho a recibir determinados pagos. Para la empresa emisora representa una obligación financiera.
En resumen: el instrumento financiero es el contrato; el activo financiero es el derecho económico que surge de ese contrato para su propietario.
Existen diferentes tipos de instrumentos financieros. Algunos de los más habituales son:
Estos son algunos ejemplos de instrumentos financieros:
| Instrumento | ¿En qué consiste? |
|---|---|
| Acciones | Participación en el capital de una empresa |
| Bonos | Deuda emitida por empresas o administraciones |
| Letras del Tesoro | Deuda pública a corto plazo |
| Fondos de inversión | Inversión colectiva en diferentes activos |
| Opciones y futuros | Derivados vinculados a otro activo |
| Productos estructurados | Combinación de distintos instrumentos |
Cada uno presenta diferentes características de rentabilidad, riesgo, plazo y liquidez.
Los instrumentos financieros pueden clasificarse según diferentes criterios. Una de las divisiones más habituales distingue entre instrumentos financieros complejos y no complejos.
Los instrumentos financieros no complejos suelen tener una estructura más sencilla y ser más fáciles de comprender.
Entre los ejemplos habituales encontramos:
Sin embargo, que un instrumento sea considerado no complejo no significa que esté libre de riesgo.
Los instrumentos financieros complejos tienen características que pueden dificultar la comprensión de su funcionamiento y riesgos.
Algunos ejemplos son:
Antes de invertir en ellos es especialmente importante conocer sus características, costes y posibles escenarios de pérdida.
Comprender cómo funcionan ayuda a tomar mejores decisiones sobre ahorro e inversión.
No existe un instrumento financiero mejor para todas las personas. Antes de decidir, conviene hacerse algunas preguntas:
También conviene integrar estas decisiones dentro de una estrategia global de inversión.
Antes de contratar, conviene comprobar que la entidad y, cuando corresponda, el producto estén registrados o supervisados por organismos oficiales como la CNMV o el Banco de España.
Pueden tenerlas. Dependiendo del instrumento, pueden existir comisiones de compra, venta, gestión, mantenimiento o intermediación, que afectan a la rentabilidad final.
La fiscalidad depende del tipo de instrumento y de los rendimientos obtenidos. Intereses, dividendos o ganancias patrimoniales pueden tener un tratamiento fiscal diferente.