Si diriges una pyme, sabes lo frustrante que es facturar y no cobrar hasta dentro de 60, 90 o incluso 120 días, mientras los gastos siguen llegando. Esta falta de liquidez puede frenar el crecimiento de tu negocio, incluso cuando todo va bien.
Para resolver este problema existe el factoring, una herramienta financiera que te permite convertir tus facturas en dinero inmediato sin recurrir a préstamos. En este artículo te explicamos qué es el factoring, cómo funciona, qué tipos existen y cuándo realmente merece la pena utilizarlo.
El factoring para empresas es un servicio financiero mediante el cual una empresa vende sus facturas pendientes de cobro a una entidad especializada (llamada "factor") a cambio de recibir el dinero de forma inmediata o en un plazo muy corto.
En otras palabras: en lugar de esperar 60 o 90 días a que tu cliente te pague, puedes adelantar ese cobro y disponer del dinero ya mismo. A cambio, la empresa de factoring se queda con una pequeña comisión por el servicio.
Imagina que has emitido una factura de 10.000 euros a un cliente que pagará dentro de 90 días. Con el factoring, puedes vender esa factura a una empresa especializada y recibir, por ejemplo, 9.500 euros de forma inmediata. Los 500 euros restantes son la comisión que cobra la entidad por adelantarte ese dinero y gestionar el cobro.
El proceso básico es sencillo:
Esta operación no es un préstamo. No estás pidiendo dinero prestado, sino adelantando un cobro que ya es tuyo por derecho. La diferencia es importante, tanto a nivel contable como fiscal.
La razón principal es muy clara: necesitan liquidez inmediata sin comprometer su capacidad de endeudamiento.
Cuando una empresa crece, lo normal es que también crezcan sus necesidades de tesorería. Tienes que comprar más materia prima, contratar más personal, ampliar instalaciones... pero todo eso requiere dinero que aún no has cobrado. Si tus clientes pagan a 90 días y tú necesitas pagar a tus proveedores en 30, tienes un problema de tesorería aunque tu negocio vaya bien.
El factoring te permite:
Eso sí, como todo en finanzas, el factoring tiene un coste. Las comisiones varían según el tipo de factoring, el volumen de facturas, el plazo de vencimiento y el riesgo asociado a tus clientes. Por eso es importante evaluar si realmente te conviene o si existen alternativas más económicas para tu situación particular.
No existe un único modelo de factoring. Dependiendo de tus necesidades y del nivel de riesgo que estés dispuesto a asumir, puedes elegir entre diferentes modalidades. Las más habituales son estas:
En esta modalidad, tú sigues siendo responsable del cobro si tu cliente no paga. Es decir, la empresa de factoring te adelanta el dinero, pero si llegado el vencimiento tu cliente no abona la factura, tú tendrás que devolver ese anticipo.
Es la opción más económica en cuanto a comisiones, porque el riesgo de impago lo asumes tú. Tiene sentido cuando trabajas con clientes de confianza y lo que necesitas es simplemente adelantar la liquidez, no protegerte contra la morosidad.
Aquí la empresa de factoring asume completamente el riesgo de impago. Si tu cliente no paga, es problema del factor, no tuyo. Tú cobras tu dinero de todas formas.
Como es lógico, esta modalidad es más cara, porque la entidad de factoring está asumiendo un riesgo mayor. Pero puede ser muy útil si trabajas con clientes nuevos o en sectores con alta morosidad, ya que te protege completamente.
En este caso, tu cliente es informado de que has cedido la factura a una empresa de factoring, y deberá realizar el pago directamente a esta entidad. Es la modalidad más transparente y habitual.
Tu cliente recibe una notificación indicando que la factura ha sido cedida y que debe abonarla a la cuenta de la empresa de factoring cuando llegue el vencimiento.
Aquí tu cliente no sabe que has utilizado factoring. Tú sigues gestionando la relación comercial con normalidad, y cuando tu cliente paga, transfieres ese dinero a la empresa de factoring.
Esta opción puede ser útil si no quieres que tus clientes sepan que estás utilizando financiación externa, aunque suele ser más cara y requiere mayor gestión por tu parte.
El factoring nacional se refiere a facturas emitidas a clientes dentro de España, mientras que el factoring internacional cubre operaciones con clientes en otros países.
El factoring internacional suele incluir servicios adicionales como la gestión de divisas, el análisis del riesgo país y la protección ante impagos en el extranjero. Es especialmente útil si exportas y quieres asegurarte de cobrar sin complicaciones.
El factoring no es la solución para todas las empresas ni para todas las situaciones. Como cualquier herramienta financiera, tiene momentos en los que resulta muy útil y otros en los que puede no ser la mejor opción.
Tiene sentido utilizar factoring cuando:
No tiene tanto sentido cuando:
El coste del factoring varía mucho según varios factores: el tipo de factoring que elijas, el volumen de facturas, el plazo de vencimiento, la solvencia de tus clientes y las condiciones del mercado.
En líneas generales, el coste se compone de dos partes:
Por poner un ejemplo práctico: si vendes una factura de 10.000 euros con vencimiento a 90 días, podrías recibir unos 9.700 euros de forma inmediata (tras descontar comisiones e intereses). Cuando tu cliente pague, recibirías el resto del importe menos las comisiones finales.
¿Es caro o barato? Depende. Si esa liquidez te permite aceptar un nuevo pedido, pagar a proveedores con descuento por pronto pago o evitar un descubierto bancario, puede salirte muy rentable. Si no tienes urgencia real de liquidez, probablemente sea un coste innecesario.
Como cualquier herramienta financiera, el factoring tiene sus pros y sus contras. Vamos a repasarlos para que puedas tomar una decisión informada.
Ventajas:
Desventajas:
Si el factoring no termina de convencerte o te parece demasiado caro, existen otras opciones para mejorar tu liquidez:
El factoring es una herramienta potente para mejorar la liquidez de tu empresa sin comprometer tu capacidad de endeudamiento. No es la solución perfecta para todos, pero si trabajas con plazos de pago largos, estás en fase de crecimiento o simplemente quieres protegerte ante posibles impagos, puede ser exactamente lo que necesitas.
Como siempre, lo importante es entender bien cómo funciona, comparar condiciones y evaluar si realmente te compensa. No se trata de usar factoring porque sí, sino de utilizarlo de forma estratégica cuando te aporte valor real.