Factoring para empresas, ¿Qué es y cómo funciona?

Factoring para empresas, ¿Qué es y cómo funciona?

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Si diriges una pyme, sabes lo frustrante que es facturar y no cobrar hasta dentro de 60, 90 o incluso 120 días, mientras los gastos siguen llegando. Esta falta de liquidez puede frenar el crecimiento de tu negocio, incluso cuando todo va bien.

Para resolver este problema existe el factoring, una herramienta financiera que te permite convertir tus facturas en dinero inmediato sin recurrir a préstamos. En este artículo te explicamos qué es el factoring, cómo funciona, qué tipos existen y cuándo realmente merece la pena utilizarlo.

¿Qué es el factoring y cómo funciona?

El factoring para empresas es un servicio financiero mediante el cual una empresa vende sus facturas pendientes de cobro a una entidad especializada (llamada "factor") a cambio de recibir el dinero de forma inmediata o en un plazo muy corto.

En otras palabras: en lugar de esperar 60 o 90 días a que tu cliente te pague, puedes adelantar ese cobro y disponer del dinero ya mismo. A cambio, la empresa de factoring se queda con una pequeña comisión por el servicio.

Imagina que has emitido una factura de 10.000 euros a un cliente que pagará dentro de 90 días. Con el factoring, puedes vender esa factura a una empresa especializada y recibir, por ejemplo, 9.500 euros de forma inmediata. Los 500 euros restantes son la comisión que cobra la entidad por adelantarte ese dinero y gestionar el cobro.

El proceso básico es sencillo:

  1. Emites una factura a tu cliente por un servicio o producto entregado
  2. Contactas con una empresa de factoring y le vendes esa factura
  3. Recibes el dinero (normalmente entre el 80% y el 95% del importe total) en 24-48 horas
  4. La empresa de factoring gestiona el cobro directamente con tu cliente cuando llegue el vencimiento
  5. Recibes el resto del importe (menos las comisiones acordadas) una vez tu cliente haya pagado

Esta operación no es un préstamo. No estás pidiendo dinero prestado, sino adelantando un cobro que ya es tuyo por derecho. La diferencia es importante, tanto a nivel contable como fiscal.

¿Por qué las empresas utilizan el factoring?

La razón principal es muy clara: necesitan liquidez inmediata sin comprometer su capacidad de endeudamiento.

Cuando una empresa crece, lo normal es que también crezcan sus necesidades de tesorería. Tienes que comprar más materia prima, contratar más personal, ampliar instalaciones... pero todo eso requiere dinero que aún no has cobrado. Si tus clientes pagan a 90 días y tú necesitas pagar a tus proveedores en 30, tienes un problema de tesorería aunque tu negocio vaya bien.

El factoring te permite:

  • Mantener el flujo de caja estable. No dependes de que te paguen para poder seguir operando. Puedes planificar tus gastos con mayor certeza sabiendo que tendrás liquidez cuando la necesites.

  • Crecer sin ahogarte financieramente. Muchas empresas rechazan pedidos o ralentizan su crecimiento porque no tienen caja suficiente para financiar la operación. Con factoring, puedes aceptar más trabajo sin temor a quedarte sin recursos.

  • Evitar impagos y morosidad. Algunas modalidades de factoring incluyen la gestión del cobro e incluso la protección ante impagos, lo que te ahorra preocupaciones y tiempo.

  • No comprometer tu capacidad de endeudamiento. A diferencia de un préstamo bancario, el factoring no aparece como deuda en tu balance. Esto significa que puedes seguir teniendo acceso a financiación bancaria si la necesitas en el futuro.

  • Reducir costes administrativos. La empresa de factoring se encarga de gestionar el cobro, enviar recordatorios y hacer seguimiento, liberándote de esas tareas.

Eso sí, como todo en finanzas, el factoring tiene un coste. Las comisiones varían según el tipo de factoring, el volumen de facturas, el plazo de vencimiento y el riesgo asociado a tus clientes. Por eso es importante evaluar si realmente te conviene o si existen alternativas más económicas para tu situación particular.

¿Qué tipos de factoring existen?

No existe un único modelo de factoring. Dependiendo de tus necesidades y del nivel de riesgo que estés dispuesto a asumir, puedes elegir entre diferentes modalidades. Las más habituales son estas:

Factoring con recurso

En esta modalidad, tú sigues siendo responsable del cobro si tu cliente no paga. Es decir, la empresa de factoring te adelanta el dinero, pero si llegado el vencimiento tu cliente no abona la factura, tú tendrás que devolver ese anticipo.

Es la opción más económica en cuanto a comisiones, porque el riesgo de impago lo asumes tú. Tiene sentido cuando trabajas con clientes de confianza y lo que necesitas es simplemente adelantar la liquidez, no protegerte contra la morosidad.

Factoring sin recurso

Aquí la empresa de factoring asume completamente el riesgo de impago. Si tu cliente no paga, es problema del factor, no tuyo. Tú cobras tu dinero de todas formas.

Como es lógico, esta modalidad es más cara, porque la entidad de factoring está asumiendo un riesgo mayor. Pero puede ser muy útil si trabajas con clientes nuevos o en sectores con alta morosidad, ya que te protege completamente.

Factoring con notificación

En este caso, tu cliente es informado de que has cedido la factura a una empresa de factoring, y deberá realizar el pago directamente a esta entidad. Es la modalidad más transparente y habitual.

Tu cliente recibe una notificación indicando que la factura ha sido cedida y que debe abonarla a la cuenta de la empresa de factoring cuando llegue el vencimiento.

Factoring sin notificación (o confidencial)

Aquí tu cliente no sabe que has utilizado factoring. Tú sigues gestionando la relación comercial con normalidad, y cuando tu cliente paga, transfieres ese dinero a la empresa de factoring.

Esta opción puede ser útil si no quieres que tus clientes sepan que estás utilizando financiación externa, aunque suele ser más cara y requiere mayor gestión por tu parte.

Factoring nacional e internacional

El factoring nacional se refiere a facturas emitidas a clientes dentro de España, mientras que el factoring internacional cubre operaciones con clientes en otros países.

El factoring internacional suele incluir servicios adicionales como la gestión de divisas, el análisis del riesgo país y la protección ante impagos en el extranjero. Es especialmente útil si exportas y quieres asegurarte de cobrar sin complicaciones.

¿Cuándo tiene sentido utilizar el factoring?

El factoring no es la solución para todas las empresas ni para todas las situaciones. Como cualquier herramienta financiera, tiene momentos en los que resulta muy útil y otros en los que puede no ser la mejor opción.

Tiene sentido utilizar factoring cuando:

  • Trabajas con plazos de pago largos y necesitas liquidez constante. Si tus clientes pagan a 60, 90 o 120 días y tienes gastos recurrentes que no pueden esperar, el factoring te da aire para operar con normalidad.
  • Estás en fase de crecimiento y no quieres frenar por falta de tesorería. Muchas empresas pierden oportunidades de negocio porque no tienen caja suficiente para financiar nuevos pedidos. El factoring te permite crecer sin ahogarte.
  • Quieres protegerte ante posibles impagos. Si trabajas con clientes nuevos o en sectores con alta morosidad, el factoring sin recurso te ofrece tranquilidad: cobras sí o sí, aunque tu cliente no pague.
  • No quieres o no puedes acceder a un préstamo bancario. El factoring no es deuda, no afecta a tu balance de la misma forma y no requiere las garantías que piden los bancos.
  • Prefieres externalizar la gestión de cobros. Si no tienes departamento financiero o simplemente prefieres dedicar tu tiempo a la actividad principal de tu negocio, el factoring se encarga de perseguir los pagos por ti.

No tiene tanto sentido cuando:

  • Tus clientes pagan rápido y no tienes problemas de liquidez. Si cobras en 30 días o menos y tienes tesorería suficiente, el coste del factoring puede no compensar.
  • El volumen de facturas es muy bajo. El factoring tiene costes fijos y comisiones que pueden resultar poco rentables si solo emites unas pocas facturas al año.
  • Tus márgenes son muy ajustados. Si operas con márgenes muy pequeños, la comisión del factoring puede comerse gran parte de tu beneficio.
  • Trabajas principalmente con clientes particulares o pequeños negocios. Las empresas de factoring suelen preferir facturas de empresas medianas o grandes con buena solvencia.

¿Cuánto cuesta utilizar el factoring?

El coste del factoring varía mucho según varios factores: el tipo de factoring que elijas, el volumen de facturas, el plazo de vencimiento, la solvencia de tus clientes y las condiciones del mercado.

En líneas generales, el coste se compone de dos partes:

  1. Comisión de estudio y gestión. Es un porcentaje sobre el importe de la factura, que suele oscilar entre el 0,5% y el 3%. Facturas de mayor importe o con clientes de alta solvencia suelen tener comisiones más bajas.
  2. Interés por el anticipo. Si recibes el dinero antes del vencimiento (que es lo habitual), la empresa de factoring aplicará un interés similar al de un crédito, que suele estar entre el 3% y el 8% anual, dependiendo del plazo.

Por poner un ejemplo práctico: si vendes una factura de 10.000 euros con vencimiento a 90 días, podrías recibir unos 9.700 euros de forma inmediata (tras descontar comisiones e intereses). Cuando tu cliente pague, recibirías el resto del importe menos las comisiones finales.

¿Es caro o barato? Depende. Si esa liquidez te permite aceptar un nuevo pedido, pagar a proveedores con descuento por pronto pago o evitar un descubierto bancario, puede salirte muy rentable. Si no tienes urgencia real de liquidez, probablemente sea un coste innecesario.

Ventajas y desventajas del factoring

Como cualquier herramienta financiera, el factoring tiene sus pros y sus contras. Vamos a repasarlos para que puedas tomar una decisión informada.

Ventajas:

  • Liquidez inmediata sin esperar a que te paguen
  • No es deuda, no afecta a tu capacidad de endeudamiento
  • Reduces el riesgo de impagos (en el factoring sin recurso)
  • Externalizas la gestión de cobros y te ahorras tiempo
  • Proceso rápido y flexible, sin las trabas de un préstamo bancario
  • Puedes utilizarlo de forma puntual, solo cuando lo necesites

Desventajas:

  • Tiene un coste que puede ser elevado si los márgenes son ajustados
  • No todas las facturas son susceptibles de factoring
  • Puede dar una imagen de falta de liquidez ante tus clientes (en el factoring con notificación)
  • Requiere cierta gestión administrativa y coordinación con la empresa de factoring
  • Algunas entidades exigen volúmenes mínimos o contratos de permanencia

Alternativas al factoring que deberías conocer

Si el factoring no termina de convencerte o te parece demasiado caro, existen otras opciones para mejorar tu liquidez:

  1. Negociar mejores plazos de pago con clientes y proveedores. A veces la solución más simple es la mejor: intenta cobrar antes y pagar después. Ofrece descuentos por pronto pago a tus clientes o negocia plazos más largos con tus proveedores.
  2. Línea de crédito o póliza de crédito. Es una financiación flexible que te permite disponer de dinero cuando lo necesites y devolver solo lo que uses. Suele tener intereses más bajos que el factoring, pero requiere garantías.
  3. Descuento comercial. Similar al factoring, pero gestionado directamente por tu banco. Suele ser más económico, aunque también más lento y con más requisitos.
  4. Confirming. Es la versión inversa del factoring: tu cliente acuerda con una entidad financiera que pague a sus proveedores (tú, por ejemplo) de forma anticipada. Tú cobras antes, pero es tu cliente quien gestiona el servicio.
  5. Anticipo de facturas. Algunas plataformas fintech ofrecen anticipos de facturas con procesos totalmente digitales y comisiones competitivas, sin necesidad de contratos a largo plazo.

El factoring es una herramienta potente para mejorar la liquidez de tu empresa sin comprometer tu capacidad de endeudamiento. No es la solución perfecta para todos, pero si trabajas con plazos de pago largos, estás en fase de crecimiento o simplemente quieres protegerte ante posibles impagos, puede ser exactamente lo que necesitas.

Como siempre, lo importante es entender bien cómo funciona, comparar condiciones y evaluar si realmente te compensa. No se trata de usar factoring porque sí, sino de utilizarlo de forma estratégica cuando te aporte valor real.

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