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Cartas del Presidente: Emilio Montaraz Castañon

El Camino (2ª parte)

Tal y como te dije en “EL CAMINO”, continúo hablándote del mundo que veo y de aquél que deseo construir. Esta vez, ya que me acompañas, trataré de interesarte un poquito más con la intención de que, paso a paso, descubras en ti el potencial cuyo desarrollo te hace soberano y libre para seguir avanzando. Eso sí, sin las etiquetas, moldes y otras jaulas imaginarias que impiden a otros disfrutar de esta aventura.

                ¡Qué importante es estar preparado!,  ¿verdad? Pero preparado ¿para qué?

                ¿Es que no están preparados los más de 100.000 emigrantes españoles que fueron durante 2016 a buscar empleo a otros países?... ¿No lo están el casi millón de personas que lo hicieron desde el inicio de la “crisis”?... ¡Crisis! Ahí está la clave. Pero no por la gestión de la misma realizada por nuestros gobernantes, que también, sino precisamente por nuestra propia falta de preparación.

                Y aquí es donde toma más notoriedad el desfase histórico entre el individuo y el avance tecnológico; entre lo que el sistema decide enseñarnos y el mundo que nos encontramos cuando salimos de la Universidad con nuestro brillante título.

Pero si “crisis” es sinónimo de oportunidad”, ¿qué ha pasado? Algo que solo lo perciben quienes sean capaces de apartarse del árbol y elevarse sobre el bosque. Desde esa posición podrás comprobar cómo, mientras ibas avanzando por aquel camino previamente trazado entre los árboles en pos de tu título, el mundo laboral al que aspirabas y que esperabas encontrar al final, no solamente se ha alejado sino que ha tomado un rumbo incierto y desconocido para ti.

¿Qué ha sido de esos tiempos en los que las empresas iban a la Universidad a captar a los primeros de cada promoción?... Sencillamente que navegan por rumbos distintos, donde las tormentas son frecuentes, con fuertes  y cambiantes vientos.

En aguas calmas es muy poco lo que se pide de ti, como tripulante, para mantenerse a flote. Dos noticias te doy, una mala y otra buena. La mala es que esos tiempos no volverán jamás. Por eso hoy necesitas desarrollar otras habilidades y actitudes para ser incluido como miembro de la tripulación, además de las técnicas que el título pueda acreditar sobre tu persona. La buena noticia es que las llevas dentro, como esencia de lo que eres. Solo hay que potenciarlas sacando lo mejor de ti.

¿Viene reflejado en tu título la nota obtenida en carácter emprendedor? ¿en flexibilidad, coraje, entrega, solidaridad y espíritu de servicio? ¿Queda acreditado en el mismo tu grado de lealtad, capacidad de compromiso, perseverancia y toma de decisiones?

Mucha tinta necesito para hablar de todo ello, pero las limitaciones de un simple artículo, como lo es este, me lo impiden. Pero no te alegres tan rápido, porque prometo que lo abordaré más adelante a lo largo del camino, mientras descubres este nuevo mundo.

Quizás todo esto que te cuento no llegue a afectarte, o ¡puede que sí! y como te dije, es lo que más deseo y para eso me acompañas. Es tu vida, tu presente, tu futuro y el de los tuyos. Tú elijes.

¿Te imaginas que además de “historia”, como asignatura, en el Plan de Estudios estuviera incorporada otra llamada “futuro”? Seguramente las cosas serían muy distintas. Pero ello implicaría dificultades y cambios en la base del sistema que, muy posiblemente, acabaría rompiéndolo. Solo hay que tener en cuenta que un Plan de Estudios es un modelo sistemático que selecciona contenidos y objetivos a desarrollar durante la carrera. Por supuesto, estos deben ser adaptados y actualizados con el tiempo, para que la formación de los estudiantes no pierda valor.

Pero… ¿cómo es posible garantizar su eficacia si la pérdida de valor se da prácticamente desde el mismo momento de su elaboración? Si asistimos a una aceleración exponencial del cambio ¿qué ocurre con el valor del título cuyo plan se concibió 10 ó 12 años antes?... ¿Y los encargados de transmitir sus enseñanzas?... ¿Están realmente al día de esos cambios?... ¡No! ¡Es imposible!

Entonces ¿Cuál es el valor real de esos títulos? Para la empresa ese título es un activo y, como tal, lo valorará por su aporte técnico y de especialización. Quizás la propia tecnología lo haya desplazado incorporando otros recursos de mayor eficacia, por lo que aunque la Universidad le haya otorgado un valor nominal de 9 ó 10, su valor real, aquel que el mercado está dispuesto a contratar, muy posiblemente sea de 3 ó 4.

Pero tú ¡eres algo más que un título! Ese algo más es el valor añadido que debes aportar para ser un “10”. Hablo ¡de TI!, de lo que realmente eres. Tu actitud frente a las tempestades, así como obrar en coherencia con tu visión del futuro son ingredientes que hacen la diferencia, mientras otros esperan que solo sus títulos les abran las puertas del presente para subirse al barco que les lleve hacia el futuro.

En Barymont seleccionamos emprendedores que remen con todo, pues el título una vez se moja de poco sirve para superar las olas y el viento.

Y ahora ¿Tienes título de médico, abogado, electricista, comercial, empresario?... ¡Perfecto!, pero la pregunta es ¿quién eres?... ¿Te atreves a sumar tus valores como principal recurso para afrontar los retos que la vida te ofrezca?

Eres un gran escuchador. ¡Buen valor! Espero seguir contando contigo.

Gracias por tu compañía.

 

Emilio Montaraz Castañon

Presidente de BARYMONT & ASOCIADOS, S.A.

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